TRAVESÍA BARINAS-MÉRIDA, DEL LLANO AL PÁRAMO POR EL “CAMINO REAL DEL CARRIZAL”
Considerando que se trata de un “paseo” a la
montaña y no de una carrera, tratare de fusionar los datos técnicos que sean de
utilidad para quienes tengan pensado realizar la travesía en un futuro, con las
impresiones visuales y emocionales propias de quien acaba de hacer este
trekking.
Destaco entonces que el recorrido lo hicimos a
mediados del mes de agosto, como sabrán esto coincide con el período lluvioso y
el mes de las nevadas en el Estado Mérida. Sumado a lo anterior, la fecha
coincidió con el paso de alguna tormenta tropical, por lo que la lluvia fue
nuestra compañera durante 4 de los 5 días.
Salimos de Caracas el jueves 9 de agosto de
2012, por el terminal privado de Expresos Flamingo a las 11pm con dirección a
Barinas, donde llegamos a las 6am del viernes 10. Del lugar donde nos dejo el
bus debimos tomar una camionetica (pasan al frente) hasta el Terminal de
Pasajeros de Barinas, en donde tomamos uno de los autobuses que van hacia
Pedraza/Socopó, estos buses se llenan relativamente rápido y por un costo
de 13Bs te dejan en la población Curbatí,
el trayecto desde Barinas hasta allí es de aproximadamente 1 hora. Estando en
Curbatí se puede elegir iniciar la caminata desde este punto o tomar un 4x4 que
los trasladará hasta el caserío de Santa María de Canaguá. En nuestro caso el
grupo decidió trasladarse en 4x4, lo cual nos hizo permanecer en Curbatí por 2
horas mientras esperábamos la llegada del rústico. Una vez que este llego,
cargamos los morrales y dimos inicio a lo que sería un trayecto de 1 hora de recorrido
por una amplia carretera de tierra, en su mayor parte desprovista de sombra y
que se extiende por aproximadamente 11km
con un muy leve desnivel positivo hasta que en los últimos metros asciende
hasta el caserío de Santa María de Canaguá.
Santa María de Canaguá, ubicado a 600msnm, es
probablemente el caserío más grande que encontraremos en toda esta ruta. Cuenta
con una Mucuposada donde se puede pernoctar en cama o hamaca y donde, sea
“huésped” o no, pueden hacer “refill” de agua para dar inicio o continuidad a
la caminata.
Doce del día, hora en que damos inicio a
nuestra caminata con dirección al “Alto de la Aguada”. Este es un trayecto
siempre en ascenso, que inicia con un sendero cargado de mucha humedad que
luego da paso a un tramo donde la intervención del hombre y sus maquinarias se
hacen obvias con la presencia de una carretera amplia y desprovista de árboles
que, afortunadamente, no dura más de unos 4km (más o menos una hora de
camino). Tras haber caminado unas 2
horas se llega a “El Veladero” donde hay par de casas en las que se puede pedir
agua para llenar las botellas, ya que este primer tramo está desprovisto de
ríos. Luego del Veladero se deja atrás la carretera y retomamos de nuevo los
senderos de montaña, al principio con una inclinación menor que luego aumenta
hasta Llegar al “Alto de la Aguada”.
En total, de Santa María de Canaguá al Alto de
la Aguada son unos 16 o 17km. Se asciende de 600msnm hasta los 1350msnm.
Nosotros íbamos con los morrales pesados y tardamos unas 5:30 horas tomando
descansos importantes para reagrupar a un equipo muy heterogéneo, pero
considero que sin estos largos descansos, aún cargados, el recorrido puede
hacerse en 4horas. Probablemente en 3 si se está entrenado y solo se lleva
morral de ataque. El paisaje predominante en este trayecto fue el de montañas
muy verdes y un cielo azul que contrastaba mágicamente. La vista de ganado
vacuno, así como de cerdos, mulas y burros es un común denominador de la ruta.
En el Alto de la Aguada nos quedamos en la casa
de la familia Rivas. Nosotros dormimos en nuestras carpas, pero la familia te
ofrece la opción de dormir en colchones que tienen para ser extendidos en el
piso a cambio de “la colaboración que usted considere” (de esta hospitalidad
hablare más adelante con el detenimiento que definitivamente merece). He de
destacar que la casa es Extremadamente humilde, pero la familia muy amable.
El día siguiente (o día 2) amaneció despejado,
a eso de las 5:30 am despertamos para desayunar y levantar el campamento.
Salimos del Alto de la Aguada a las 7:45am con dirección a “El Carrizal”. Este
trayecto es el de terreno más variado, presenta dos bajadas fuertes,
prolongadas y dolorosas para las rodillas, así como subidas moderadas a
fuertes. También comenzamos a ver los ríos y los puentes colgantes, así como el
cruce del Estado Barinas al Estado Mérida. En cuanto al tiempo de recorrido,
realmente fue muy impreciso, ya que repito que el grupo era demasiado variado,
lo cual hizo que fácilmente “perdiéramos” al menos 4 horas en esperas para
reagrupar, sin mencionar que debido a estos largos descansos nos agarro la noche y lluvia a medio camino, y
lo que probablemente pudo haber sido un recorrido de unas 6 u 8 horas, se
convirtió en 12 horas de ascensos y descensos, y con los respectivos morrales a
cuestas.
Pero el día 2 merece mucho más que tan injusto
resumen. La caminata da inicio con un fuerte descenso de aproximadamente una
hora que atraviesa una selva húmeda y que termina en un pequeño río que debemos
cruzar y para el que aún vale la pena quitarse los zapatos. Pero no los
amarremos mucho ya que a menos de 50 metros debemos cruzar de nuevo el río.
Ahora sí, con los zapatos bien puestos comienza la primera subida que, luego de
una hora, nos permitirá estar en el caserío de “San José”. En realidad no vimos
a nadie aquí (pese a que paramos 1 hora para esperar al resto del grupo), sin
embargo hay unas tres o cuatro casas y hasta un cementerio que está
literalmente a la orilla del camino. Sabes que has llegado a San José cuando la
selva húmeda se abre para dar paso a pequeñas colinas de verdes pastizales. A
los diez minutos de abandonar el caserío nos topamos con el primer río grande y
su respectivo puente (aunque en este caso no es colgante). En San José nos
conseguimos con “Paquito” un simpático perrito de cola mocha que nos acompaño
por más de una hora hasta El Ciénago, y que cruzo este primer rio y su fría
corriente como si nada (si se preguntan cómo sé el nombre de Paquito si dije
que no había nadie en San José, es simple, Paquito tenía cara de Paquito así
que lo bauticé jejeje).
Luego de este primer puente comienza un nuevo
ascenso, de unos 75 minutos, hasta “El Cienago”, básicamente unas cuatro casas,
pastizales y un ganado muy bien cuidado. En este caserío pudimos descansar un
rato, tomar café, preparar papelón con limón y hasta conseguir cambur a cambio
de “lo que usted guste dar”. Era poco más de la una de la tarde y se avecinaba
un mal tiempo cuando salimos del caserío. Altos árboles cubrieron de nuevo el
sendero y nos acompañaron a lo largo de la interminable bajada que conduce a
Santa Gertrudis (si mal no recuerdo, más de hora y media de descenso). Hago una
pausa aquí para que el que haga la ruta por primera vez sepa que al poco tiempo
de salir de El Cienago va a conseguir una bifurcación del camino y, si su
intención es llegar a Mérida, debe tomar el camino de la Izquierda.
A Santa Gertrudis llegamos al mismo tiempo que
la lluvia, por lo que decidimos parar, reagrupar y dar chance a que escampara.
Ya eran las 3pm y de acuerdo a la persona que conocía el camino, aun nos
faltaban de 3 a 4 horas para llegar a “El Carrizal”. Pero ni modo, debíamos
esperar al resto del grupo y decidir si continuaríamos caminando o si
armaríamos campamento allí mismo. En el ínterin, los señores de la única casa
de “Santa Gertrudis” nos ofrecieron café, amenas conversaciones, e incluso
alguno pudo comprar queso ahumado. Para cuando reagrupamos y decidimos que la
mejor opción era seguir adelante ya eran las 4 de la tarde, la buena noticia
era que había escampado. En seguida cruzamos el primer puente colgante, puente
que a su vez marca el límite entre Barinas y Mérida… Faltaba menos, ya
estábamos en el Estado Mérida jijiji. Tras una hora de camino y unas subidas y
bajadas moderadas llegamos al segundo puente colgante, eran las 5:00pm y tras
tratar de reunir de nuevo a todo el grupo, a las 5:40 pm decidimos ir avanzando
los cuatro punteros, uno de los guías se quedo a esperar al resto.
Lo bueno era que el camino se extendía ahora a
orillas del río Canaguá (Río que nos acompañaría los días siguientes hasta
llegar al páramo) y la pendiente era suave. Lo malo era que ya se hacía de
noche, cada paso debía darse con mayor cuidado y precaución para no resbalar
con alguna roca. Llevábamos 10 horas “caminando” y con morrales desde que
salimos del Alto de la Aguada, ni el más “duro” puede escapar al agotamiento
físico que eso implica y, para colmo (o para bien, entre gustos y colores…)
comenzó a caer un “palo de agua”. Particularmente a mí la lluvia me encanto,
puedo decir que hasta me reanimo, considerando que estábamos caminando a unos
1400 - 1500msnm, la temperatura era más bien agradable. No obstante, la lluvia
implica zapatos y ropa mojada, el bolso se moja un poco y pesa más, era de
noche en una selva húmeda con lluvia, por lo que los charcos dificultaban más
la avanzada, etc etc etc… En fin, luego
que salimos del 2do puente colgante a las 5:40pm, a la media hora cruzamos el
tercer puente, el cuarto puente apareció cerca de las 7pm y unos minutos
después el puente doble que está antes de El Carrizal.
Los primeros cuatro llegamos a las 7:45pm,
aproximadamente unos 16km y exactamente 12 horas después de haber salido del
Alto de la Aguada. Mentalmente agotados, físicamente destruidos (al menos la
espalda), empapados de punta a punta y, casi literalmente, muertos del hambre. Para
el que no ha estado antes en un trekking les explico, en condiciones normales
suelen hacerse dos “comidas fuertes”; el desayuno, antes de desmontar el
campamento, y la cena, una vez que se monta el campamento. En el ínterin,
mientras se está caminando, lo que se estila es ir “picando” cosas, comiendo
pequeños snacks que ayuden a mantener los niveles de energía, como frutos
secos, barritas energéticas, caramelos, etc etc… Como bien comprenderán, con
doce horas de ejercicio gastas miles de calorías y estos snacks no te llegan a
ninguna parte, por lo que SÍ, estábamos casi literalmente muertos del hambre…
Pero nuevamente la calidad humana y la hospitalidad de los humildes habitantes
de estos parajes nos dio una lección de humanidad que sinceramente jamás había
conocido salvo por los cuentos de mis abuelos, de cómo supuestamente era la
gente en Venezuela. Lo crean o no, a las 8 de la noche llegan cuatro locos
mojados, llenos de barro y como diría Christian: “Oliendo a interior de indigente”
y los señores de la casa no solo nos preparan una pasta (la mejor pasta que me
he comido en mi vida!!!), además nos pasan al comedor de su casa para que la
comamos con tranquilidad… Señores de verdad SIN PALABRAS ante las lecciones de
HUMANIDAD de estas valiosas personas, realmente para reflexionar sobre el verdadero
valor de las “cosas”.
Como llovía, nos ofrecieron armar el campamento
dentro de un pequeño salón abierto pero techado, allí pudimos colocar algunas
de las carpas y, a medida que llegaba el resto del grupo, se fueron armando las
carpas también afuera. A las 9:30 pm llego el resto del grupo, mientras que se
termino de armar campamento, preparar la comida del grupo, organizar, etc etc
se hicieron las 12 de la noche. Considerando que lo que debió ser una jornada
“fácil” se convirtió en un laaaargo camino, y que el día 3 estaba programado
ascender desde los 1500 msnm hasta Los Morritos, a 3000msnm (lo cual supone una
ruta dura y agotadora), tras consenso grupal se decidió tomar el día 3 para
estadía de descanso y recreación en “El Carrizal”, decisión esta que
definitivamente fue la mejor que se pudo haber tomado.
El día 3 fue entonces de descanso y relax en El
Carrizal. Dormimos hasta “tarde” (7am) y mientras algunos preparaban el
desayuno, otros comenzaban a sacar las ropas mojadas y llenas de lodo que, tras
darle una lavada acorde a lo que las condiciones permitían, tendimos o
esparcimos en piedras y empalizadas buscando los escasos rayos de sol que
indecisos se escondían entre nubarrones y niebla. Luego de merendar con unas
guayabas “recién cosechadas”, nos dispusimos a bajar al río para darnos un
chapuzón. Para ello hay que desandar el camino de la noche anterior y, tras
unos diez minutos, nos encontramos con el puente colgante. Una gran roca sirve
de soporte para el puente y, a su vez, es tremendo trampolín de unos 3 o 4
metros para saltar a un gélido pero
reconfortante pozo.
El río Canaguá fue nuestro eterno acompañante
en esta travesía. Sus frías y cristalinas aguas son de una belleza sin igual,
sin embargo, sus fuertes y temerosos rápidos nos recuerdan lo vulnerables que
somos ante la majestuosidad de los elementos naturales. En el río estuvimos
varias horas, relajando los músculos en sus frías aguas, tomando chocolate
caliente (Lo máximo!) y disfrutando del entorno que nos rodeaba.
Tras volver al caserío, nos fuimos hasta la
Mucuposada “El Carrizal”. Allí conversamos largo rato con los lugareños
mientras algunos esperaban a que les sirvieran los platos de comida que
solicitaron (Presentan dos opciones de menú: Pasta o Arroz con lenteja,
ensalada y sopa Maggie. El costo es de 35Bs). En esta Mucuposada también se
puede pernoctar, a un costo de 60bs la cama por noche (haberlo sabido el día
anterior cuando llegamos destruidos jajaja). Ojo no se imaginen nada de lujo,
pero si un lugar acogedor donde conseguir un merecido descanso.
Teniendo en cuenta las dificultades del grupo
para afrontar el recorrido desde Alto de la Aguada hasta el Carrizal, los guías
consideraron que la mejor opción era alquilar mulas para que transportasen el
equipaje y así pudiéramos caminar sin morral (Un arriero puede llevar hasta
cuatro mulas, y cada mula puede cargar hasta tres morrales. El costo del
traslado desde El Carrizal hasta Los Morritos es de 1.000 Bs por las cuatro
mulas y su arriero). Mi hermano y yo decidimos que seguiríamos con nuestros
morrales a cuestas, no es un tema de pichirrés ni mucho menos de masoquismo. Simplemente
estábamos “enteros” y no tenía sentido dejarnos seducir por la idea de caminar
sin morral. Para que me entiendan mírenlo de este modo: Supongamos las personas
A y B; A decide “completar” un maratón no importa como lo termine ni cuánto
tiempo tarde, simplemente quiere recorrer la distancia hasta la meta. B decide
“correr” un maratón, no importa el tiempo pero su meta es completarlo sin
caminar ni un metro, siempre corriendo o trotando. A la persona A no le importaría
dejar el morral porque su meta es simplemente completar la travesía, pero Yo
soy esa persona B, que en este caso decidió hacer la ruta con morral, y
abandonar el morral es como caminar en un maratón. Sé que no es fácil de
comprender, pero bueno, así somos jajajaja.
Tras un fuerte y prolongado aguacero amanece un
húmedo día 4. Despertamos a las 4:30am, preparamos el desayuno, recogemos
campamento y salimos a las 6:40 am. Para este día la idea es cubrir los 13 o 14
km que hay desde El Carrizal hasta Los Morritos, pasaremos de los 1.500msnm de
una selva húmeda a los 3.000msnm del páramo, iremos siempre en ascenso y la
falta de oxígeno producto de la altitud comenzará a ser un factor a tener en
cuenta.
Como éramos los únicos que llevábamos morral,
salimos de primeros y a nuestro ritmo para no perder tiempo. Luego de la
experiencia del día 2, no queríamos pasar más tiempo del necesario con los
morrales a cuestas. A la media hora de haber salido comenzó a llover, así que
pronto estuvimos empapados y pasando frío, por lo que realmente no estuve
demasiado pendiente de anotar los puntos de referencia en relación al tiempo.
Si se que a las 2 horas de camino llegamos a un mini refugio donde paramos diez
minutos para agarrar mínimo. Algún tiempo después, cruzamos el primero de dos
puentes colgantes, este puente es el más “escalofriante” de todos ya que esta
torcido y realmente parece que se va a caer mientras lo estas cruzando
(afortunadamente no fue así jejeje). A las 4 horas de camino nos encontramos
frente a una inmensa caída de agua que impresiona por su altura, muy cerca
conseguimos el segundo puente colgante (si mal no recuerdo, en este punto
estábamos como a 2.400msnm). Lo que sigue es una prolongada subida de
pronunciada pendiente y de muchas piedras sueltas, luego de superarla el camino
se vuelve mucho más amable.
Por si no lo tienen claro, aún seguía
lloviendo, de hecho llovió todo el día 4. Normalmente para mí eso sería un
“tripeo”, pero cuando te das cuenta que estas caminando cerca de los 3.000msnm,
que estas empapado y que la selva que te protegía del viento se abre para dar
paso al páramo, a sus frailejones y a la niebla característica, resulta que de
pronto te encuentras cantando “Ay ho ay ho, tengo friiiiiiooo o o o o, ay ho ay
ho, me cooongelooo o o o o o”. Jajaja es así, Triste pero cierto... Pero no
todo es terrible, a las seis horas veinte minutos de caminar llegamos a Los
Morritos, el impacto visual es increíble, el cambio de paisaje, lo verde del
lugar, la belleza del páramo te dejan sin aliento (Bueno, la altitud y el frío
también colaboran en eso jajaja).
Christian y Carlos ya habían llegado, a los
pocos minutos llegaron las mulas, ayudamos a descargarlas y, antes de llegar a
la hipotermia, armamos nuestras carpas y nos colocamos ropa seca para entrar en
calor, buscamos entre las provisiones personales y preparamos un “tente en pie”
con dos latas de atún y arroz mientras esperábamos al resto del grupo, que poco
a poco fueron llegando sin mayores por menores (mas allá del frío). El resto
del día fue de preparar Té caliente, buscar calor, cocinar, etc etc, y cuando
el clima lo permitía, salir a disfrutar del paisaje. En realidad hacia bastante
frío y todo estaba mojado, por lo que ya a las 8pm todos estábamos metidos en
nuestras carpas.
Los Morritos es un lugar de acampada que se
encuentra totalmente deshabitado. Un viejo refugio que algún tiempo atrás
sirvió de resguardo para arrieros y pesebre para uno que otro animal. Pero la
estructura es muy pequeña y el campamento debe armarse al aire libre.
Afortunadamente durante la noche no llovió,
hizo frío pero dentro de los parámetros esperados para esta altitud. El día 5
despertamos cerca de las 6 am, el trayecto hoy era suave, eran unos 10 km o
menos, ascendemos hasta los 3.640msnm en el Alto de Micarache y luego comienza
el suave descenso hasta Micarache. El tramo de páramo desde Los Morritos hasta
el Llano del Trigo (a unas dos horas de camino), representa el único punto
donde realmente podemos errar el camino. Durante este tiempo debemos tener
presente que el río siempre lo tendremos a la izquierda, visible pero sin la
necesidad de cruzarlo. A 45minutos de Los Morritos conseguimos una casa
moderadamente grande, estaba deshabitada mas no abandonada. Llegado este punto
debemos buscar un camino que sube, no el que va paralelo al río, sino mas bien
haciendo un ángulo de unos 45grados
respecto a la línea del río (Sorry, se me salió el ingeniero jajaja). A
lo lejos se ve un pequeño puente que cruza el río, por allí NO es. Cuando
llegan al Llano del Trigo todo se vuelve más fácil, reconocerán el lugar por
los muros de piedra que constituyen una suerte de gran cuadrado o algo así.
Del Llano del Trigo en adelante el camino es
totalmente franco y ancho, rodeado siempre de los característicos frailejones
del páramo y cruzando pequeños riachuelos. A poco más de una hora, y luego de
afrontar la “Colina Rompecorazones” (jajajajaja), llegamos al Alto de
Micarache, a 3.640 msnm es el punto más alto de la travesía. Lo que viene es un
suave descenso, podría decirse que un “falso plano” de unos 5km o una hora de
caminata hasta la primera casita que encontraremos en el camino. Hasta este
punto el clima estuvo siempre amenazándonos con lluvia, pequeñas lloviznas pero
sin llegar a llover. No obstante, apenas llegamos a dicha casita arranco el
“palo de agua”, le pedimos refugio a los señores y nos permitieron aguardar en
un pesebre, no era el mejor olor del mundo, pero con toda seguridad era mil
veces mejor que esperar bajo la lluvia. Llegado este punto ya habíamos
contactado a unos 4x4 para que nos buscasen y trasladasen hasta Mucuchies a un
costo de 54Bs p/p. (Se puede llegar caminando hasta Gavidia, pero para ser
sincera, con semejante lluvia y el frio que hacía, la sola idea de salir a
mojarnos era aterradora). El recorrido total fue de unas cuatro horas y media,
dándole a un paso suave a cómodo.
Si bien muchos no nos mojamos, todos llevábamos
los pies empapados, por lo que sumado al clima, a la altitud y a que ya
estábamos sin caminar, puedo decirles que durante las dos horas de espera a que
llegaran los rústicos el frío fue rudo, parecíamos unos pollitos buscando todos
la esquina del pesebre que estaba más resguardada del frío y procurando
compartir el calor humano. Luego enviamos a Jesús (nuestro diplomático y
embajador oficial jajajaja) a que intentara conseguir café con la señora de la
casa. El pana no solo consiguió café, sino que por 20 Bs la señora nos iba a
hacer arepita de trigo con queso… Para todo lo demás MasterdCard jajajajajaja…
Al rato llegaron los rústicos, cargamos los
morrales y luego de más o menos una hora estábamos en Mucuchies, punto donde
culmina la travesía y retornamos a la “Civilización”.
El recorrido desde el pie de monte barines
hasta el páramo merideño es realmente hermoso. Sales del llano, con sus
pastizales y sus cabezas de ganado, atraviesas una selva húmeda, con sus altos
y frondosos árboles y sus caudalosos ríos, hasta llegar al páramo, con su frío,
su niebla y sus frailejones. Solo una pequeña muestra de lo que este hermoso
país guarda para quienes se atreven a conocerlo.
Sin embargo, y para sorpresa de muchos y la mía
propia, lo que más me impacto de este trekking no fue la naturaleza de su paisaje,
sino la hermosa naturaleza de su gente. Resulta maravillosamente increíble que
tanta amabilidad y humanidad existan aún en nuestro país e incluso en el mundo.
Es una experiencia que me deja sin palabras que expresen de manera correcta
semejante vivencia, como dije antes al principio de este relato, solo se
compara con los cuentos que escuchaba de mis abuelos de cómo era Venezuela y la calidez del venezolano hace
ya un siglo atrás. La clase de experiencia que te hace reflexionar sobre el
verdadero valor de las cosas, sobre el debido uso de la palabra “civilización”
y el significado de lo que llamamos “educación”, la diferencia entre estar
cerca de Dios y “creerse Dios”… En fin, hay que vivirlo para poder entender a
lo que me refiero.
la forma en que describes tu travesia nos hace participes de la misma, casi llegando a sentir el frio y el cansancio..quiero ver las fotossss ;)
ResponderEliminarBueno Diego, tu relato es muy elocuente y totalmente de acuerdo contigo en la parte final que hace referencia a la calidez de la única familia que habita el Carrizal, la familia Guerrero.
ResponderEliminarPara aquellos que quieran ver imágenes, visiten en cabalgatasmerida.com la misma travesía pero a la inversa Mérida hacia Barinas y en verano, realizada el 03-01-2013.